Cultura y mandarines

Cultura y mandarines
31/03/2016 Cheiko

 

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En el primer merodeo cultural propongo la lectura de un libro que salió hace un año precedido por la polémica, seguro que os acordaréis: El Cura y los Mandarines: historia no oficial del bosque de los letrados. Cultura y política en España 1962-1996 de Gregorio Morán (GM a partir de ahora). El título promete ya un ambicioso proyecto cual es explicar las relaciones entre el poder y la cultura del ámbito literario.

 

La polémica no menor, fue la censura que la editorial Planeta impuso pidiéndole al autor que retirara uno de los capítulos porque no salía bien parada la RAE ni su antiguo director, Víctor García de la Concha y que GM zanjó buscando otra editorial. Polémicas a la mar, y pasado un año de su publicación y promoción en los medios, su lectura es recomendable. En sus capítulos iniciales desgrana con profusión el mundo de la cultura literaria desde el franquismo de 1962, año que considera capital para entender muchos acontecimientos posteriores, hasta la legislatura socialista de 1993-1996.

 

A favor de GM decir que el esquema es agudo y literario, toma la transformación del cura Jesús Aguirre, que la mayoría no sabrán ni quién era, en el Duque de Alba, que casi todas sabemos quién es aunque sea por las andanzas de la duquesa hasta sus últimos días. Para GM, su biografía muestra lo que fue el mundo de la cultura literaria en ese periodo. El libro tiene un buen arranque en la primera y segunda parte, donde desgrana y detalla los nombres de los que fueron mandarines culturales del franquismo y las reglas que regían la adquisición de dicha condición, y la entretela de poder, política y cultura.

 

 

Se mantiene en la tercera parte cuando relata cómo se perpetró el abismo con los escritores del exilio, especialmente trágico resulta el capítulo de Max Aub y desmitifica los círculos de Castellet y el ambiente cultural en Cataluña, que eran la vanguardia de lo que se cocía literariamente en ese momento, pero que no llegaron a romper las telarañas franquistas.

 

Desfallece en la cuarta y quinta parte cuando intenta contar lo que la cultura representó en la transición del 74 al 82 y la metamorfosis en interés y espectáculo en que se convirtió la cultura en la etapa socialista. Ahora que soplan vientos que levantan ampollas en la generación de los 70 y cuestionan la transición en todas sus vertientes, va siendo hora de empezar a desmitificar la movida y las culturetas en las que devinieron las manifestaciones culturales. GM las desmitifica, pero se nota que se ha dejado la piel en las tres primeras partes y ha llegado exhausto al 78.

 

Y ahora hagamos una traslación a nuestros días. El libro narra con precisión cómo el franquismo impuso sus mandarines y agotó a quienes no pertenecían a la cultura oficial y franquista. La élite tecnócrata, retoños de los que hicieron la guerra, supo recomponer desde 1962 una nueva clase que utilizando el poder y la manipulación trazaron los parámetros culturales durante la dictadura. Este estado de cosas, dejó tan secas las raíces culturales que no se asimilaron a ella, aquellas de la cultura crítica de la etapa republicana y del frente popular, que en el 78 había poco donde agarrarse y los clavos todavía ardían. Sí, mucha alegría de salir a la luz desde el túnel del franquismo, pero nos cegó la luz y no teníamos ni gafas de sol ni factor de protección. El resultado con el tiempo se ha revelado pobretón y cuestionable, aunque ahora, pasados ya más de 30 años, haya de nuevo un renacer cultural crítico, que parece sacudirse, por fin, los rescoldos franquistas.

 

Mingqing renwuxiaoxiang huaxuan(Nanjing: Nanjing Bowuguan, 1979), pl. 16. Ming portrait of Jiang Shunfu. detail.

Fuente

 

Esto último viene a cuento, porque en los media ha habido, en los últimos años, mucha nostalgia con la movida y la versión cultureta a la valenciana. La nostalgia le pone color sepia a las imágenes y aúpa todo a una peana sin ánimo crítico. GM viene a decirnos que estemos ojo avizor y que de aquellos polvos estos lodos.

 

Pero el libro trae otra pregunta, ¿hay mandarines de la cultura en el presente o no? Y si los hay ¿quiénes son y cómo ofician? En la sociedad de masas los media tienen un papel relevante en reconocer y aupar mandarines. Pero no los eligen. Una entrevista a un director de museo, no lo convierte en mandarín de la cultura, pues quienes lo han nombrado están en otra parte. El papel de un comisario de exposiciones o de un editor de libros lo percibimos en su resultado, la exposición en cuestión o el libro que leemos, pero no está a la vista.

 

Internet y las redes sociales parece que han arrinconado el papel de estos mandarines de la cultura con la tecla “me gusta” o “no me gusta”, incluso hay quien los considera innecesarios. Pero no seamos incautos. Sigue habiendo mandarines de la cultura, burócratas o no, mediadores en puestos estratégicos que no sólo nos interpretan lo que es de calidad o no en la cultura, sino que la definen.

 

El mandarín actual -diría mandarina también pero suena poco serio, así es que dejémoslo en mandarín conscientes de que no le asigno género a priori- se mantiene y me atrevería a decir que se afianza. Porque en la definición de lo que es arte o no, existe un tanto de filosofía, historia del arte, ciencia económica y sociología entre otras disciplinas. Exponer los objetos del arte, libros, música, plástica, cine, etc. a una luz interpretativa que tenga en cuenta estos factores es lo que deberíamos aprender y en ello, a veces nos ayudan y otras nos confunden, ciertos mandarines.

 

mandarinescheiko

 

Espero animar con mis merodeos a que haya más merodeadores y merodeadoras, curiosos de la calle y de los museos, de las webs, blogs y las escasas librerías, cafés, galerías, teatros y salas de conciertos que quedan en las ciudades; paseantes que ven, miran y leen sobre los popes de la cultura institucionalizada y no institucionalizada. Sin ellos, sin nosotros no hay significado en las obras de arte, o ¿sí?

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