Masculinidad paramilitarizada. De los riesgos de las realidades actuales

Masculinidad paramilitarizada. De los riesgos de las realidades actuales
12/04/2018 joansanfelix

Otra vez aquí, y otra vez parece que vuelva a ser lamentablemente pertinente, entre tanto tiroteo y tanta barbarie futbolera, hablar de masculinidad y violencia.

En este caso me pongo sociológico y voy, al menos a intentarlo, a profetizar, cuestión que aunque no es propósito estricto de nuestra querida disciplina, pese a las voluntades predictoras de los padres[1] o pretensiones prospectivas actuales de la profesión, puede resultar sugerente. Voy a profetizar casi siguiendo las propuestas mertonianas[2] de las PAC y las PAN (profecías que se auto-cumplen o auto-niegan), aventurándome a elucubrar, casi en tono conspiranóico y con poca intención mayor que la de invitar a la reflexión, sobre la concatenación de una serie de fenómenos observables. No es un ejercicio de teoría aplicada, sino que se acerca desde mi (des)conocimiento teórico a una especie de profecía de la práctica en versión, esperemos, ficción.

Fuente: https://www.elespanol.com/reportajes/20171012/253725514_0.html

Por ir adentrándome en el tema, estamos asistiendo en los últimos meses, si no años, al revival de (pongan aquí ustedes lo que quieran) los fascismos nacionalistas excluyentes. Aquí, en València, de eso sabemos bastante.  Tiene mucho que ver con las dinámicas globales y sus repercusiones cíclico-capitalistas que sumen en la más absoluta desigualdad en el reparto de la riqueza a sus sociedades. Dicho sucintamente, hablamos del fantasma que agita el sistema cada vez que se pone en duda el statu quo y que pretende, básicamente, enfrentar a las clases populares entre ellas construyendo sujetos colectivos nacionales protegidos frente a las invasiones bárbaras con kilómetros de vallas en las fronteras.

Es en ese contexto, global, y a la vez glocal, con la emergencia renovada de ciertos discursos nacionalistas propios del ámbito de los estados-nación de gestación decimonónica y algunas posteriores perversiones fascistas, donde cabe ubicar ciertos fenómenos actuales y explicitar sus riesgos. Sumando, por supuesto, la cuestión identitaria que ahora iremos desgranando.

Ya hemos hablado otras veces de los espacios públicos, de cómo son coto expulsivo-repulsivo del privilegio masculino. Pues bien, haciendo una suma rápida de hechos sociales observables (casi parafraseando a Durkheim y al pensamiento positivista) podemos profetizar lo siguiente:

La calle (metáfora y paradigma de lo público) se va a llenar de grupos de hombres con una tendencia a una especie de paramilitarización, básicamente reclamando lo suyo. Veremos, (¡como nos gusta el fútbol!) lo que nos depara el mundial de Rusia. Quizás alguien piense que ya estemos en ese punto, o muy cerca. Lo vimos claro con los infames de la manada (los chicos son los dueños de la calle, también de los cuerpos de las mujeres) y últimamente hemos visto a muchos paseando a sus anchas por diversas ciudades del estado, con una aparente connivencia, no sé si beneplácito, de cierto entorno circundante. Parecen no ser lo mismo, pero responden a las mismas lógicas.

Reclamar lo suyo, no lo duden, también será su privilegio masculino, sobre todo cuando vean, si se da el caso, que la fuerza-violencia es garantía de imposición de su orden de dominación, ya no solo en las relaciones de carácter más personal (en lo micro) sino también en la forma de organización social en su conjunto (macro).

Camisas Negras en la Marcha sobre Roma. Fuente: https://factoriahistorica.wordpress.com/2011/08/12/la-marcha-sobre-roma/

En cualquier caso, como decía Hannah Arendt[3] y como nos recuerdan las teorías sociológicas contemporáneas, entre otros nuestro querido Zygmunt Bauman y todas las reflexiones sobre esta (le puede llamar usted como guste) posmodernidad líquida, la crisis identitarias de los sujetos frente a cierto escenario complejo de intersección entre sistemas de dominación reclaman de los espacios precisamente de la identidad, es decir, cuando ya ni trabajo, ni religión, ni clase social parecen cubrir esa necesidad básica humana (en la era de la individuación) los grupos sociales y los sujetos buscarán como sea algún anclaje donde agarrarse. Así que, aunque suene anacrónico, ahí está el estado-nación, estructura a mitad camino entre lo global y lo local, con sus afanes de protagonismo para alzarse como el instrumento válido para redirigir este caótico mundo del siglo XXI, a costa de sumirnos nuevamente en los tiempos más oscuros del XX.

Los hombres (que es lo que intento comprender e investigar y lo que fundamentalmente aquí nos atañe) frente a la pérdida (relativa) de privilegios, al menos en su forma de entenderlo, en situación reactiva frente a los avances de las mujeres, desnortados y sin una identidad personal clara que ya no les da su trabajo (precario, cuando no inexistente), ni la religión, ni su género en proceso de obsolescencia parcial, parecen volver al dulce abrazo (freudiano) de la madre patria que les ofrece el retorno al éxtasis del privilegio, la autenticidad de sentirse poderoso, de estar en el bando ganador. Privilegio adquirido con el uso legitimado (por acción u omisión) de la violencia, de la cultura del terror, ocupación del espacio público en su zenit.

LA NARANJA MECÁNICA (Vídeo): https://www.youtube.com/watch?v=Xy-qkeeX_Ac

Advertencia  para navegantes. Si no tienes nada (identitario, aunque también material, claro) y te han enseñado que tienes que ser alguien (vamos, la identidad masculina de toda la vida), te subirás al primer tren que cuadre con tus aspiraciones (condicionadas por tu género) y tu percepción del orden social deseable. Ciertas características del fascismo casan muy bien con la masculinidad tradicional, especialmente en tanto que sistemas de dominación jerárquico-patriarcales. De hecho se retroalimentan. Y al mismo tiempo, las lógicas de la masculinidad, entroncan perfectamente con un ambiente paramilitarizado público: grupo de iguales, poder, violencia, fraternidad, sacralidad y silencio cómplice. Unirnos para un bien común, algo superior, para la imposición de la dominación. Es el poder de la calle desde grupúsculos masculinos  activos y violentos que ya vivió de alguna manera la Europa de entreguerras y que ahora volvemos a intuir mientras temblamos,  cuando los vemos enarbolar nuevamente banderas o agitar las bufandas de los equipos de fútbol.

En definitiva,  estamos construyendo el espacio social idóneo para facilitar la legitimación de un nuevo machismo, si cabe más agresivo y territorializado en todos los sentidos que nunca. Los paramilitares de la masculinidad desfilan alegremente advirtiendo tiempos mejores para su causa(s). El monstruo de dos cabezas, aunque en el fondo sea la misma.

Los fascistas-machistas de la calle no traen buenas nuevas para la lucha por la igualdad pero especialmente para las mujeres,  a quienes pretenden retornar a aquella mística que describió Betty Friedan, sino a un escenario más a lo Hanmaid’s Tale .

Aprovechando nuevamente al ya mencionado Robert Merton[4], es momento de repensar las funciones latentes o las consecuencias no deseadas de la acción social.

[1] Como se desprende de la conocida frase de Auguste Comte, “saber para prever, prever para prevenir”. En Giner, Salvador (2004). Teoría sociológica clásica. Barcelona: Editorial Ariel. (p. 60).

[2] La explicación sobre esta cuestión la podemos encontrar resumida claramente en el diccionario de Sociología en la página 672, predicción reflexiva. Giner, Salvador, Lamo de Espinosa, Emilio y Torres, Cristobal (Eds.) (2006). Diccionario de Sociología. Madrid: Alianza Editorial.

[3] O en palabras de un estudiante de la época: “Lo que cuenta es siempre la prontitud para hacer un sacrificio, no el objeto por el que se hace ese sacrificio” o en palabras de un joven obrero: “No importa vivir unos pocos años más o menos. A uno le gustaría tener en su vida algo que mostrar”. Arendt, Hannah (2014). Los orígenes del totalitarismo. Madrid: Alianza Editorial.

[4] En Picó, Josep (2003). Los años dorados de la Sociología. Madrid: Alianza Editorial. (p. 245).

Soy Joan Sanfélix Albelda, Sociólogo y Doctor en Estudios de Género. Tallerista, formador e investigador en género, igualdad y masculinidades. Profe en la UJI. Puedes seguirme en Twitter y en Linkedin.

0 Comentarios

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies