Masculinidad zombie

Masculinidad zombie
04/05/2017 joansanfelix

Zombi según el diccionario de la RAE
1. Persona que se supone muerta y reanimada por arte de brujería con el fin de dominar su voluntad.
2. Atontado, que se comporta como un autómata.

Sí, por fin estamos de vuelta. Ya tenía ganas. Y durante este tiempo, bien aprovechado para otros también necesarios menesteres (¡ya soy Doctor!), han pasado muchas cosas en aquello que nos preocupa. Y cómo podréis intuir me han temblado las manos y las ideas mientras veía al fanático de Donald Trump deslizar verborreicamente lindezas sobre las mujeres con su pose de macho alfa. Donald, ya está aquí Donald, como escribe Octavio Salazar magníficamente, “el sujeto depredador, competitivo, ambicioso, individualista, necesitado de demostrar su hombría exitosa ante sí mismo y ante sus pares, conquistador en lo económico y en lo sexual, hecho a sí mismo para elevarse hacia la verticalidad”.

Es curioso, porque cuando ya me frotaba las manos pensando lo bonito que me iba a quedar el post sobre el business man convertido en mandamás de la Casa Blanca, masculinidad triunfante por excelencia, por nuestras lares se afanaban en desmontarme el esquema mental a base de puñetazos, patadas y carreras por esos espacios a los que tanta estima tengo: los campos de fútbol base, escuela de auténtica hombría patria.

Así que en una especie extraña de fusión nuclear en mi cabeza ha emergido, sin ni siquiera ser fan de The Walking Dead, una suerte de muerto viviente que pulula por nuestros mundos glocalizados encarnándose en un rubio anaranjado a la par que en una serie de energúmenos expectantes para dar rienda suelta a su pulsión de masculinidad violenta, aún a costa de los miedos y las lágrimas de sus propios hijos y la estupefacción de las madres allí presentes. Tan ridículo como vomitivo.

Me gustaría invitaros a nuestros pequeños lugares de culto a la masculinidad futbolera. Toda una experiencia sensorial. Hacedlo cualquier domingo de misa, esta vez transmutada en césped, sudor y rudeza. Resultará fácil localizar a aquellos que gritan desaforados en la banda frente a la perplejidad del observante ajeno. La violencia que se despliega en las fronteras entre lo sagrado del terreno de juego y lo profano donde la barbarie toma cuerpo es la violencia del desubicado frente a un nuevo orden que empieza a emerger, la violencia que no entiende ni de edades ni de clases, la que sólo se rige por un variable; el género.

Pues eso, masculinidad zombie, varones que todavía no se han dado cuenta de que sus tiempos de reinado ya pasaron y que se esfuerzan por no perder su privilegio, eso sí en formato muerto viviente y a expensas de una resurrección definitiva, aunque el resto de la gente los veamos más bien y en muchas ocasiones como autómatas grotescos obedeciendo los mandatos de un género obsoleto. En todo caso, no hay que descuidar que ese privilegio masculino siempre ha reclamado de la performance y que ahora, esos seres extemporáneos, buscan protegerlo o recuperarlo en los espacios vacilantes de la dominación masculina.

Triste, pero muy triste. No hay calificativos que puedan definir las actitudes de esos hombres que no saben o quieren leer los tiempos que vienen, tiempos que ya empiezan a estar, tiempos que reclaman de otras formas de entendernos como varones en un mundo donde las mujeres ya se han cansado de perder siempre la batalla, varones que se refugian detrás de una máscara monstruosa que emerge en los escenarios, que todo parece apuntar, predisponen a la violencia más irracional de los hombres, los espacios propios de la lucha por la apropiación de lo material y lo simbólico.

Permitidme el sarcasmo o la sátira, es un breve ejercicio de catarsis, en estos días tan necesario; Trump y los futboleros domingueros, dos caras de una misma moneda, cuñados en la banda de cal de la performance ritual de la virilidad castiza, resquicios arqueológicos de una masculinidad que ladra, sin pretensión de ofender a la especie perruna, que son capaces de liarse a puñetazos para defender no sé qué honor puesto en duda o líderes investidos de poder por el propio pueblo capaces de apelar a toda clase de violencias legítimas para defender la libertad y la democracia.

Se han acabado los tiempos de paz, si es que alguna vez los hubo, porque ahora volvemos a invocar al Leviatán, que como es bien sabido era un ser masculino, tiempo de monstruos. Vuelve la Great America de la Middle America, la blanca, heterosexual y parsoniana, aquel letargo funcional de la genial Betty Friedan, que tanto daño causó y que ahora amenaza, con otra mística si cabe más poderosa, por abrir la Caja de Pandora, resucitando a aquel que aparentemente empezaba a andar medio muerto, dándole otra oportunidad para defender su bastión de dominio, siempre adulado por un ejército infame de voceros ansiosos de tiempos pasados.


Fuente: http://www.businessinsider.com/celebrities-who-support-trump-2016-10

Vacunémonos colectivamente contra la masculinidad zombie.

Sanfélix, Joan (2016). Fútbol y masculinidad en perspectiva socioantropológica. En Javier Eloy Martínez Guirao, Baldomero de Maya Sánchez y Anastasia Téllez (Eds.), Perspectivas interdisciplinares en el estudio de la cultura y la sociedad (pp. 239-258). Elche: Universidad Miguel Hernández de Elche. Recuperado de http://innovacionumh.es/editorial/Perspectivas%20interdisciplinares.pdf

Friedan, Betty (2009). La mística de la feminidad. Madrid: Ediciones Cátedra.

 

Soy Joan Sanfélix Albelda, Sociólogo y Doctor en Estudios de Género. Tallerista, formador e investigador en género, igualdad y masculinidades. Profe en la UJI. Puedes seguirme en Twitter y en Linkedin.

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