Merodeos culturales

FirmaopinionCheiko

 

“Nuestro Amor propio sufre con más impaciencia la condena de nuestro gustos que de nuestras opiniones”  

La Rochefoucauld, Máximas.

 

Con esta cita se inicia la tercera parte de uno de los libros de sociología que más me han impactado: La distinción de P. Bourdieu, y es que nuestras opiniones emanan de nuestros pensamientos y creencias que estimamos racionales y construidas, pero el gusto, nos revela mucho más como sujetos sociales y, a nuestro pesar en muchas ocasiones.

 

Soy representante de la clase media o media-baja del franquismo y que debutó a la arena social en la transición. Con padres medianamente ilustrados y que inculcaron a sus retoños inquietudes culturales por gusto y supongo que porque pensaron que les haría más competentes en el juego social

 

Inquietudes culturales materializadas en viajes, visitas a museos y lecturas de los cánones que se suele denominar alta cultura. En la educación de la clase media hay siempre elementos de emulación de las clases altas y la creencia de que adquiriendo los valores simbólicos de éstas podrán subir en la escala social.

 

Por gusto e incluso distinción, me he adentrado en la cultura, y dejaré de distinguir entre alta y baja cultura, pues espero que sea objeto de algún que otro merodeo futuro. He aprendido que junto a la experiencia subjetiva del arte está la experiencia social, los ritos sociales y la política alrededor del arte, tan importantes como el propio arte y más en el contemporáneo.

 

Aunque cabría precisar que nos hemos convertido en consumidores de cultura, o con más tino usuarios: lectores de páginas culturales, revistas, visitantes de exposiciones, edificios y museos, paseantes de ciudades, espectadores de cine, teatro, conciertos. Pero hay distintos tipos de usuarios. Ser consumidor modesto de cultura no hace sino expresar un hecho, se puede llegar por conocimiento y medios sólo a determinadas manifestaciones culturales. Otra cosa es ser usuario acrítico de cultura que no lo soy, como tantas otras y otros. Mi formación en economía y sociología además de en ciudadanía concienciada no me permite aceptar cualquier expresión cultural sin ver su significado social.

 

Los productos culturales han dejado de ser sagrados para muchos pensadores sociales y filósofos de la estética, cierto, y sin embargo parecen más valiosos que nunca para quienes toman decisiones políticas y económicas, si es que ambas tienen todavía sentido separadas. Pero también siguen siendo valiosas para algunos usuarios de cultura como yo que siguen extrayendo enseñanzas y emociones en la lectura de un poema o mirando un cuadro.

 

Espero animar con mis merodeos a que haya más merodeadores y merodeadoras, curiosos de la calle y de los museos, de las webs, blogs y las escasas librerías, cafés, galerías, teatros y salas de conciertos que quedan en las ciudades; paseantes que ven, miran y leen sobre los popes de la cultura institucionalizada y no institucionalizada. Sin ellos, sin nosotros no hay significado en las obras de arte, o ¿sí?

05.10.2016. Ciudades y arte: la inspiración de la urbe

30.06.2016. Visitantes del arte contemporáneo

31.03.2016. Cultura y mandarines

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