¿Sobre gustos no hay nada escrito?

¿Sobre gustos no hay nada escrito?
28/01/2016 Laura Morales

 

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Cuando el mensaje publicitario apela a la dicotomía del me gusta o no me gusta que a todos nos concierne, consigue el aplauso del espectador. “Me gustaría que me gustara pero no me gusta. Me encantaría que no me gustara pero no puedo evitar que me guste”. Encontrar esos puntos de conexión tan ligados al ser humano hace que la identificación sea fácil y las marcas inteligentes lo saben.

 

A mí, personalmente, no me gusta el Bitter Kas, o al menos, no me gustó la última vez que lo probé. Quizá sea hora de volver a probarlo. Porque sí, todo cambia, los gustos cambian y la forma de hacer publicidad también. En un ejercicio de sinceridad y buen gusto, la marca no solo asume implícitamente que las características de la bebida son un tanto peculiares, el Bitter Kas tiene un sabor peculiar, todo el mundo lo sabe. Pues nada mejor que reconocer y aceptar las desventajas y vulnerabilidades para mejorar la coherencia del mensaje. Su eslogan “Desde 1966 hasta que te guste genera un cierto desafío, un guiño al receptor del mensaje.
 

 
Cuando el tono de comunicación apuesta por ser distendido, desenfadado y apela a nuestro imaginario colectivo, proponiendo situaciones cotidianas, se convierte en un producto refrescante. Un dato, la idea del mensaje gana espacio. La marca solo comienza a aparecer a partir del segundo 30 de un anuncio que dura 50 segundos, aparece para anclar pero lo más importante es el consumidor.

 

Por otro lado, discrepo con la idea de que los gustos no son predecibles. Hace años, cuando trabajaba en la hostelería, jugaba a adivinar el comportamiento del consumidor: qué me iba a pedir la persona que se acercaba a la barra del bar comenzó como un ejercicio y acabó siendo un estudio de casi 2 años. Y sí, pude confirmar que depende de la apariencia o de la forma de vestir, el que se prefiera un tipo de bebida u otra. Ya entonces tuve la capacidad de discernir quién me iba a pedir qué; y no fue casualidad mi gran porcentaje de aciertos. En ese mini estudio etnográfico aprendí, en primera persona, que los gustos sí que tienen que ver con el estereotipo.

 

El individuo, expuesto a determinados estímulos según su estilo de vida y el entorno en el que vive, se identifica con unos productos y/o marcas y con otros no. Y sí, podemos cambiar de gustos, apreciar o despreciar un sabor, pero casi siempre que hay un cambio de gusto éste va asociado a una experiencia que produce el cambio. Esa experiencia cambia la forma de relación con el entorno, la forma en la que nos identificamos.

 

Cuando se trabaja con grandes audiencias hay que encontrar ideas que identifiquen. El mensaje tiene que ser lo suficientemente específico para identificar a la mayoría sin que sea generalista, ya que corre el peligro que nadie se termine identificando. Es en ese punto donde las sensaciones y las emociones, implícitas y casi imperceptibles, toman protagonismo. Porque, sí, cada cual tiene su propio gusto y que para gustos colores. Pero existen tantos gustos diferentes que, casi siempre, preferimos dormir en nuestra cama a cualquier otra cama del mundo.
 

Reivindico la publicidad como uno de los métodos de comunicación más honestos de hoy en día, por ley firman el mensaje, haciendo conocedor el fin comercial del mismo. Espero haber retratado mi perfil con la suficiente intimidad como para que conozcáis quién soy. Es fundamental que entendáis de dónde proviene el mensaje para después poder pensarlo de forma crítica. Por cierto, soy de Murcia

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